Todos llegamos arrojados a un mundo lleno de sonidos y temores; no es casualidad que nuestra primera respuesta sea un grito, un llanto. Desde ese instante, la vida se acompasa con la música. Por eso, cada uno de mis filminutos está entrelazado con distintos temas musicales: son ellos los que marcan el pulso de mis recuerdos. Crecemos escuchando melodías que celebran la simple alegría de vivir un día más. La infancia, aunque ignorante del futuro, se ve recompensada por una curiosidad insaciable ante lo imperdible. La adolescencia, aunque llena de incertidumbres y temores, nos recompensa con la madurez de saber cómo vivir el día a día.
Hoy no me miro como el “yo” del mañana que anhelo ser, sino como aquel que aprende a disfrutar los breves momentos significativos. No recuerdo el pasado por sus hechos, sino por los sonidos que dieron sentido a cada una de mis etapas.
Escribo esto no como la reflexión de un solo filminuto, sino como una mirada hacia todos ellos, pues siento que en los propios videos ya hay suficiente materia lector que habla por sí misma de cada quinquenio.
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