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viernes, 16 de octubre de 2020

Cronopio: conservación de los recuerdos

 

Sebastian Barbosa Montenegro

En virtud de conservación de los recuerdos de Cortázar, quise quemar todas las cartas que atesoraba: una mano salió del fuego, y quise escribir una continuación del texto de cronopios y famas.

Si lo que se quiere es embalsamar los recuerdos entonces déjalos celosamente guardados en la estantería de la biblioteca. Pero si es preciso ser como el cronopio, entonces hay que dejar que el recuerdo se libere del papel, que corra por la casa y te diga “no vayas a lastimarte” y te lastime. De todos modos, es mejor dejarlos libres: que el fuego reparador te encuentre y te olvide. Entonces dejando atrás la nociva costumbre de coleccionista propia de las famas.

Se tomarán las cartas porque antes se enviaban cartas se pondrán en un recipiente seguro, recuerda poner Piazzolla de fondo, no hace falta releer, pero a primera vista quedarán marcadas algunas palabras, recordaras el aprendiz de francés que te amó y pasarán imprecisas por tus ojos las palabras me yeux te cherbent, mon caer t`espere, tu es ma raison de sourire. Entonces sonreirás. Otras palabras más dolorosas es mejor pasarlas rápido al fuego. En la flama, su mano extendida desde el olvido (no vayas a tocarla) en la flama, la mejor manera de conservar los recuerdos. El recuerdo y la esperanza coleccionadas en polvo, serán el polvo mismo. 


Cronopio: El canto de los cronopios.

 



 Por Kimberly Buitrago Vargas