En este primer quinquenio quería hacer un recorrido de mis primeros años de vida con las fotografías que pude reunir en mi casa, aunque es una época de la cual no tengo recuerdos claros, las historias detrás de cada foto que fueron contadas por mi madre dan valor a cada imagen, así mismo considero que en ese momento ella hizo el papel de "autora" en mi vida.
Quinquenio 2: 5-10
Lastimosamente no encontre fotos de ese fragmento de mi vida, sin embargo quería plasmar en el filminuto uno de los lugares que considero un reflejo de mi identidad y de la narración he construido a través del tiempo de mi misma, asi esta habitación se convirtió en un lugar seguro en el cual puede ser auténtica y rodearme de mi propia historia.
Quinquenio 3: 10-15
En este fragmento se ven algunos cuadernos y libretas que he utilizado para plasmar pensamientos o dibujos (que a pesar de no ser muy lindos fueron importantes en su momento), una actividad frecuente en toda mi adolescencia, siempre me gusto dibujar, pintar o hacer manualidades, además también se puede observar un librito de firmas que se dio en mi fiesta de quince años, tiene mensajes valiosos de mi familia y amigos de ese momento.
Quinquenio 4: 15-17
En el último quinquenio me encargue de tomar fotos a el libro que marcó un antes y después en mi vida "Demian" de Hesse, un libro que se encargó de sacudirme y transformar mi forma de ver el mundo, además tiene un valor importante para mi, pues me lo regaló el profesor que me acercó a la filosofía por primera vez.
En virtud de conservación de los
recuerdos de Cortázar, quise quemar todas las cartas que atesoraba: una mano salió
del fuego, y quise escribir una continuación del texto de cronopios y famas.
Si lo que se quiere es embalsamar
los recuerdos entonces déjalos celosamente guardados en la estantería de la
biblioteca. Pero si es preciso ser como el cronopio, entonces hay que dejar que
el recuerdo se libere del papel, que corra por la casa y te diga “no vayas a lastimarte” y te lastime. De
todos modos, es mejor dejarlos libres: que el fuego reparador te encuentre y te
olvide. Entonces dejando atrás la nociva costumbre de coleccionista propia de las
famas.
Se tomarán las cartas —porque antes se enviaban cartas— se pondrán en un recipiente
seguro, recuerda poner Piazzolla de fondo,
no hace falta releer, pero a primera vista quedarán marcadas algunas
palabras, recordaras el aprendiz de francés que te amó y pasarán imprecisas por
tus ojos las palabras me yeux te
cherbent, mon caer t`espere, tu es ma raison de sourire. Entonces sonreirás.
Otras palabras más dolorosas es mejor pasarlas rápido al fuego. En la flama, su
mano extendida desde el olvido (no vayas a tocarla) en la flama, la mejor
manera de conservar los recuerdos. El recuerdo y la esperanza coleccionadas en
polvo, serán el polvo mismo.
Aunque sea difícil recordar esa canción, que cuando
pequeño cantaba con gran emoción, hoy llegan a mi mente los momentos vividos de
aquel entonces, que aunque no suenen claros y sean borrosos, creo que siempre
estarán presentes. De pequeño no me he preocupado por buscar lo más vital, pues
quizás sin esforzarme creía que las cosas llegaban sin mayor esfuerzo o cosa
semejante, pues de la naturaleza he recibido la mayor parte, y aunque en mis
recuerdos está el preocuparme por cosas que hoy ya no valen la pena, es eso lo
que me ha hecho dejar de ser el niño que gustaba con soñar, dejarse llevar por lo que la vida
pueda disponer sin mayor preocupación, aunque sé que eso hoy lo podre encontrar.
Segundo
Quinquenio: El lugar de mis recuerdos.
Parecía poco el tiempo que compartía con los míos en este
lugar, era ese momento de la vida en donde no existe la preocupación por lo
demás, solo un espacio de aquel entonces me brindaba tanta seguridad. Era la
casa donde crecí, donde di mis primeros pasos y aprendí lo difícil que era
vivir, un lugar que llena de emociones, de recuerdos, de momentos no solo
materiales, era la conexión con la tierra, el canto de las aves, el sonido de
los árboles en la noche, y el susurro de los grillos a media tarde, ese es el lugar
de mi infancia, un lugar en la memoria que aún queda guardado, un lugar que
aunque poco frecuento es mi hogar, el lugar donde también me gustaría pasar los
últimos años de mi vida, un lugar en el recuerdo que me hace sentir y saber
quién soy y de donde vengo.
Tercer Quinquenio: “Un
compañero”
“Él
es mi mejor amigo, pues desde que tengo memoria. Es valiente, como todo buen
vaquero, listo y gentil. Pero, lo que hace especial a Woody es que jamás te va
a abandonar… ¡jamás! El estará contigo pase lo que pase”
Quizá es uno de los pocos objetos que aún conservo desde
mi infancia, pues él “mi compañero” como
así le llamo, me ha hecho recordar los momentos más difíciles de mi niñez;
partir de un lugar a otro, el vivir en soledad por largos periodos de mi vida,
y ser testigo de buenos y malos momentos. Creo que existen objetos que se
vuelven parte de uno, que aunque no tengan vida, han vivido y han sufrido al
igual que uno. Son los testigos de momentos que cruciales que conforman a la
persona hoy en día.
Cuarto
Quinquenio: Como mi hijo
Desde
antes de nacer se había convertido en la pieza fundamental de mi vida, con su
llegada inesperada volvió a unir una familia que se encontraba alejada de sí
misma. Es de poco creer como una persona se convierte en lo más valioso para
muchos, su inocencia y su belleza traen confianza y serenidad. No es fácil
decir que al inicio de su vida todo es de lo mejor, la adaptación a un ser tan
indefenso y las nuevas costumbres que esto nos traerían, son las herramientas
vitales para poco a poco llegar a comprenderle en sus ratos de llano, hambre y
desespero. Él, con el tiempo también me ha vuelto a recordar lo que es ser
niño, ser frágil e inocente, vivir sin preocupación y dar gran importancia a la
imaginación.
Es
la misma vida quien nos regala seres maravillosos, que aunque no siempre
aprendamos a comprender y valorar, sabemos que están ahí presentes, son parte
fundamental de nuestra vida y aun que poco se los digamos, estamos dispuestos a
dar su vida por ellos.
Quinto
Quinquenio: Una pandemia
Han sido días difíciles, por los cuales muchos hemos
tenido que lidiar con la depresión, la angustia y mucha ansiedad. Un momento
que pocos se llegaron a imaginar, pues a esta edad en la vida no se goza de una
completa libertad, no me encuentro en las calles, o en fiestas como quisiera
estar, pues quien me aísla de la vida es un virus que ha cobrado no solo la
libertad. Son muchos los momentos que llegan a la memoria en medio de la
soledad, entre tantas cosas por hacer, y poco tiempo para nosotros, este momento para muchos que es catastrófico
parece consumirnos, devorarnos de a pocos, un momento sin salida que nos quita
incluso a nosotros mismos de la vida.