miércoles, 19 de noviembre de 2025

Pau

 


https://www.youtube.com/playlist?list=PLdWpUZxh3NmJUftP0hicEzOTGmHGm8oN6


Esta es una recopilación desordenada y con formatos distintos acerca de los acontecimientos y las personas que atravesaron mi alma:

Primer quinquenio: Una exploración acerca de una época que recuerdo muy poco. Para esto, me ayudé de las fotos familiares y lso relatos que tiene mi madre acerca de quien era yo en esa época desde su perspectiva. Un momento que se da de forma natural, en el que recordamos con mucho amor y nostalgia. ¿Qué significa conocerse desde el lente de otro?

Segundo quinquenio: En este punto intento relatar un acontecimiento importante que quedó en mi memoria, y en el cual se basan casi todos mis recuerdos en esa etapa, en un formato tipo “draw my life”

Tercer quinquenio: Este video es una presentación de las personas que marcaron mi adolescencia en un lugar que se ha quedado en mi corazón hasta el día de hoy. Mi vida en el colegio fue muy feliz porque hubo personas que me permitieron disfrutarla.

Cuarto quinquenio: Para este punto quise presentar varias imágenes y una descripción de lo que fue debate y mi vida universitaria, dos elementos que han formado mi personalidad actual y que me hacen pensar que fue un momento en el cual muchas cosas pasaron en poco tiempo, pero todas las disfruté.

Quinto quinquenio: Por último, la canción que me inspiro en este punto fue Anti-Hero de Taylor Swift, la cual describe un sentimiento constante que me ha acompañado en este quinquenio, el cual no ha terminado. Talvez por eso, el video sabe a indecisión.


martes, 18 de noviembre de 2025

☆Teatrera☆

 Filminutos - Regina Leal García


Primer Quinquenio

☆ https://youtu.be/kXK1zHoW1X8?si=u-I3KtfzeEcVuXiP ☆

Sobre los primeros años de vida recuerdo muy poco, el álbum de hombres G que más escuchaba era El año que vivimos peligrosamente juntos (2004). En el filminuto, está presente cada integrante de mi familia en cada recuerdo.


Segundo Quinquenio

☆ https://youtu.be/7bftWIWTASk?si=Jg04tZJOaoFyePy3 ☆

Los mejores recuerdos y fotos son del segundo Quinquenio, aunque desde mi memoria sólo puedo extraer esto que narro y dibujo...


Tercer Quinquenio

☆ https://youtu.be/ApPtm-Scew4?si=FhWfEhTAhJI1J1TV ☆

Una mudanza y tres adolescentes... ¿Qué es lo peor que puede pasar?


Cuarto Quinquenio

☆ https://youtube.com/shorts/hQbxTh3L07o?si=qz0CgmYJj0KaeUgV ☆

A partir de aquí, el archivo fotográfico de mi vida ya es totalmente digital y puedo mostrar fragmentos de las aventuras con mi hermano.


Último Quinquenio

☆ https://youtube.com/shorts/sNN-fsfBT3s?si=COV7yN62pIzKU2tl ☆

La nostalgia es la emoción que elegiría si tuviera que describir los últimos años con una palabra. Las fotografías son un ejemplo y un contraste de la emoción misma.


martes, 11 de noviembre de 2025

Filminuto Autobiográfico de Stefanny

 


https://youtu.be/SqTTkSO_hmA

La recopilación de todos estos videos marca en mi vida los instantes más significativos que puedo recordar, cargados de múltiples emociones. Cada uno de ellos surge desde una narrativa presente, tranquila y serena, pero también profundamente emotiva y llena de aprendizaje. En conjunto, los videos conforman un retrato del presente, pero también contienen fragmentos de lo que fui y de lo que seré; son huellas de un devenir que se teje entre el pasado, el ahora y el futuro. Cada video representa una parte de mí: mis vivencias familiares, mis experiencias escolares, mis amistades, mis creencias, aquello que amo y todo lo que me constituye. El sentido central de esta recopilación es precisamente ese: mostrarme a través de momentos específicos que, al unirse, configuran lo que soy. Sin embargo, también he decidido dejar ciertos vacíos, omitir algunas cosas que en este momento no considero relevantes o que simplemente prefiero resguardar. Tal vez en otro tiempo cobren sentido, pero ahora pertenecen al silencio.
Para mí hay algo muy especial en cada uno, todos estos videos recogen mi vida tal como la habito hoy: un presente que se construye con calma, emoción y memoria.

viernes, 7 de noviembre de 2025

Filminuto Autobiográfico Terminado de Gabito


https://www.youtube.com/watch?v=hb4WIKcCxfc

 Quinquenio 1: La canción.

Una toma continua en donde se me relaciono con mis familiares y diferentes elementos. Durante la toma se escuchará en todo momento la canción de "Corazón de Melón". Es aquí donde comprendo que soy amado. 

Quinquenio 2: El Lugar

Será una toma continua en donde estaré paseando y jugando con mi perro, con Blue, además se hace notorio como en este periodo mi relación con los animales cambia desde muy temprano en mi vida. 

Quinquenio 3: Un Objeto.

Una pequeña carta está sobre mi escritorio, el cual tiene un mensaje de mi mamá. Aquí muestro todos los esferos que tienen un gran valor que va más allá de lo material y que se puede relacionar con mi historia y personalidad. 

Quinquenio 4: Un Autor.

Estoy sentado y la camara me estará grabando de frente. Estoy inmerso en mi lectura; manipulo con cuidado el primer libro que me regaló el profesor que me introdujo a la filosofía. 

Quinquenio 5: Un Acontecimiento.

Me doy cuenta de que es mi familia quien siempre ha estado conmigo a pesar de todos los obstáculos que se han podido presentar, son ellas quienes me regalan los momentos más especiales de mi vida. 

Filminutos autobiográficos de Jacinto


 Quinquenio 1: 0-5

En este primer quinquenio quería hacer un recorrido de mis primeros años de vida con las fotografías que pude reunir en mi casa, aunque es una época de la cual no tengo recuerdos claros, las historias detrás de cada foto que fueron contadas por mi madre dan valor a cada imagen, así mismo considero que en ese momento ella hizo el papel de "autora" en mi vida.


Quinquenio 2: 5-10

Lastimosamente no encontre fotos de ese fragmento de mi vida, sin embargo quería plasmar en el filminuto uno de los lugares que considero un reflejo de mi identidad y de la narración he construido a través del tiempo de mi misma, asi esta habitación se convirtió en un lugar seguro en el cual puede ser auténtica y rodearme de mi propia historia.


Quinquenio 3: 10-15


En este fragmento se ven algunos cuadernos y libretas que he utilizado para plasmar pensamientos o dibujos (que a pesar de no ser muy lindos fueron importantes en su momento), una actividad frecuente en toda mi adolescencia, siempre me gusto dibujar, pintar o hacer manualidades, además también se puede observar un librito de firmas que se dio en mi fiesta de quince años, tiene mensajes valiosos de mi familia y amigos de ese momento.


Quinquenio 4: 15-17


En el último quinquenio me encargue de tomar fotos a el libro que marcó un antes y después en mi vida "Demian" de Hesse, un libro que se encargó de sacudirme y transformar mi forma de ver el mundo, además tiene un valor importante para mi, pues me lo regaló el profesor que me acercó a la filosofía por primera vez.


martes, 4 de noviembre de 2025

Filminutos autobiográficos de Camilo Jojoa

 







Introducción

La introducción de este video es una pequeña canción que escribí mientras lo realizaba.

Quinquenio 1: 0 – 5

De cero a cinco años, este video condensa algunas conversaciones que he tenido a lo largo de mi vida con mi madre y otros familiares sobre mis primeros años. Esto se recoge a través del papel del narrador. Por otro lado, en el video aparecen imágenes tomadas de internet y algunas fotografías correspondientes a esta etapa. A pesar de que no tengo muchos recuerdos de esos años, se logra construir el hilo narrativo de este quinquenio gracias al testimonio de otros sobre mi vida en ese tiempo.

Objeto simbólico: las fotografías.

 

Quinquenio 2: 5 – 10

De cinco a diez años, el video se narra como una travesía que inicia desde el primer día de clases. Este suceso lo recuerdo parcialmente, pero gracias al testimonio de mi madre pude organizar esta parte. Desde que ingreso al colegio, se introduce la imagen de un carné estudiantil (que, por cierto, es un dibujo que yo hice; no es muy bueno, pero es trabajo honesto). A lo largo de mi infancia tuve que pasar por varios colegios, por lo que nunca tuve un grupo de amigos estable. Conocí a muchas personas, y por eso decidí representar este quinquenio de esa manera.

Acontecimiento: el primer día de escuela.

Objeto simbólico: el carnet, que representa mi paso por diversas instituciones.

 

Quinquenio 3: 10 – 15

En este quinquenio continúa el paso por distintos colegios y lugares, ya que nos estábamos mudando constantemente. En esta etapa comencé a aficionarme al fútbol; casi en todos los lugares a los que iba conocía gente para jugar. Esto también derivó en que empezara a salir con más personas, no solo a jugar, sino a realizar otras actividades. Para representar esta parte, decidí utilizar la figura del narrador en voz en off, acompañada de imágenes relacionadas con el tema, tomadas de internet.

Acontecimiento: el fútbol o el microfútbol, que me permitió relacionarme fácilmente con otras personas.

Objeto simbólico: el hecho de comenzar a conocer a mucha más gente.

 

Quinquenio 4: 15 – 20

Este quinquenio tiene una gran carga simbólica, ya que al cumplir quince años la enfermedad de mi madre marcó profundamente mi vida. En esa época me gustaba salir, y ante esa situación quedé frente a mi propia libertad. Me dediqué a vagar por un tiempo: dejé el colegio y me enfoqué en otras cosas, hasta que, por causa del destino, terminé validando y entrando a la UPN.

Acontecimiento simbólico: la enfermedad de mi madre.

Objeto simbólico: el espejo roto.

 

Quinquenio 5: 20 – 24

En este quinquenio incluyo fotografías que he tomado a lo largo de los últimos cuatro años en la UPN. El hecho de haber ingresado a la universidad fue para mí un acontecimiento importante, algo que marcó mi vida y simboliza un nuevo comienzo. Por eso acompaño estas fotografías con una parte de la canción “Yo me levanto” de Morodo, que habla precisamente sobre volver a empezar.

Acontecimiento: el ingreso a la UPN.

Lugar: la UPN



domingo, 2 de noviembre de 2025

Filminutos autobiográficos de Lisa Solorzano

 


Canciones que transforman (1-5):

En esta narración se presenta a una pequeña niña curiosa que se divertía y jugaba con su imaginación, donde la música era su principal compañera de juegos. Escuchaba y bailaba todas las canciones del CD Cantando y contando con Rafael Pombo, el cual reproducía una y otra vez en el equipo de su casa. Su gran imaginación la llevaba a convertirse en cada uno de los personajes principales de las diferentes narraciones de Pombo.
Con cada canción se transformaba: ahora era un gato, luego una granjera, después una pobre viejecita. Pero ella, tan emocionada y alegre, apenas lo notaba, perdida entre los ritmos, las letras y las melodías que la envolvían. Así, canción tras canción, se convertía en la protagonista de cada historia, viviendo con entusiasmo cada aventura que narraban las letras.

Un pequeño hormiguero (6-10):

El lugar donde la pequeña hormiga pasó los mejores momentos de su infancia fue junto a sus primos y toda su familia. Aunque el hormiguero no era del todo pequeño para la cantidad de hormigas que lo habitaban, eran las personas especiales que vivían allí las que lo hacían tener el espacio suficiente y ser el lugar más acogedor para todas las aventuras, historias y momentos que compartió con su gran familia.
Junto con sus primos disfrutó de los mejores juegos que su imaginación podía permitir, y las anécdotas de los domingos en familia o de las vacaciones llenan de alegría el corazón de la pequeña hormiga cada vez que vuelve a visitar la casa de su abuelita, que en ese entonces era su verdadero hogar.

Una breve historia (11-15):

La flauta traversa fue el instrumento que acompañó a aquella niña de 12 años en las nuevas aventuras que llegaban a su vida: su nueva casa, su nuevo colegio y los nuevos amigos que fue conociendo. Para que no se sintiera sola, le brindó la compañía de personas que compartían su pasión por la música y un pasatiempo donde podía experimentar nuevos retos, además de imitar o crear todas las melodías que tanto le fascinaban.
Todo esto mientras se aventuraba a descubrir otras actividades, como el inglés y la natación. La flauta fue el objeto que la acompañó durante su primera etapa como adolescente.

Una decisión (16-20):

Esa etapa de finalizar el colegio se combina con un sinfín de acontecimientos que llevan a cambiar opiniones, gustos o incluso decisiones. En ese momento, cada persona debe priorizar sus deseos o necesidades al escoger el nuevo camino que tomará y que, desde entonces, condicionará su vida.
Fue entonces cuando preferí elegirme a mí misma por encima de todo lo demás, y mi única prioridad era sentirme conforme con la decisión que tomara.

El pan de cada día (21-23):

Una pequeña muestra de la rutina diaria, donde los pasatiempos son una forma de perder el tiempo y las pasiones terminan volviéndose requisitos.

sábado, 1 de noviembre de 2025

Filminutos autobiográficos - Caos una alegoria al olvido

 



Todos llegamos arrojados a un mundo lleno de sonidos y temores; no es casualidad que nuestra primera respuesta sea un grito, un llanto. Desde ese instante, la vida se acompasa con la música. Por eso, cada uno de mis filminutos está entrelazado con distintos temas musicales: son ellos los que marcan el pulso de mis recuerdos. Crecemos escuchando melodías que celebran la simple alegría de vivir un día más. La infancia, aunque ignorante del futuro, se ve recompensada por una curiosidad insaciable ante lo imperdible. La adolescencia, aunque llena de incertidumbres y temores, nos recompensa con la madurez de saber cómo vivir el día a día.

Hoy no me miro como el “yo” del mañana que anhelo ser, sino como aquel que aprende a disfrutar los breves momentos significativos. No recuerdo el pasado por sus hechos, sino por los sonidos que dieron sentido a cada una de mis etapas.

Escribo esto no como la reflexión de un solo filminuto, sino como una mirada hacia todos ellos, pues siento que en los propios videos ya hay suficiente materia lector que habla por sí misma de cada quinquenio.

miércoles, 29 de octubre de 2025

UN CRONOPIO SIN FAMA (y sin nombre)

 


UN CRONOPIO SIN FAMA 

(y sin nombre)

Para un viaje hay que siempre recordar el punto de partida, éste constituye una vida, un nombramiento a lo que ha sido. Lo que se verá a continuación no es más que lo que ve el que es visto, el agujero que en forma de ojo vuelve la mirada. Así, esto será no más que una mirada ajena a la vida de otros.

El lugar


Tierras frías y brumosas que despiertan 
cada vez temprano, 
los sonidos al unísono la hacen imposible de ignorar. 
El cómo se deshace la lluvia en sus paredes, 
los charcos forman pequeñas lagunas. 
El sol oculto por la falda y la camisa de la montaña.
Si te atrevieras a maldecirle, 
seguro la mala suerte te enviste. 
Mística y solitaria noche, 
una lucecilla aparece a lo lejos.

El acontecimiento




La vida se deshace y da tumbos, 
condena
lo que no se dijo
la muerte que se lo llevó
¿ahora quién habla?
Hay dolor,
desaparición. 
Una amistad ausente
profunda soledad
profundo desprecio
sin camino
sin rumbo
¿y la madre?
¿y el padre?


La palabra




ser desconocido y desconocer,
hablar un idioma en par
consuelo a la hora del sueño 
un discurso interminable,
por siempre reformado. 
¿Serán las palabras el olvido?
¿Serán tus palabras el silencio 
de este gran crujido? 
La carta
emanadora de palabras 
prósperos encuentros
y fútiles esperanzas.



M.C.Méndez

lunes, 27 de octubre de 2025

Filminuto Autobiográfico de Gabito

 


Toma continua en donde me remonto a mis cinco años. Allí me relaciono con mis familiares y diferentes elementos que invocan los tiempos pasados. Se escucha la canción de "Corazón de Melón" de Trini López, canción que en el pasado era escuchados por todos en mi hogar y nos acobijaba el corazón, nos hacía sentirnos siendo amados.


miércoles, 23 de noviembre de 2022

Episodio Ortega

 

Son las cuatro de la mañana, una mierda de hora, Ortega se levanta con una, dos, tres cobijas que son ligeras y brindan poco abrigo, pero a esta hora pesan más que Transmilenio en hora pico. El sujeto que aparenta ser nuestro protagonista abraza su almohada, se despide de su cama y toma camino a la cocina a empezar su día, aunque no entiendo cómo define este tipo "empezar" cuando duerme dos horas y se levanta como si nada, azaroso, azaroso él Man.

Se dispone a desayunar; su chocolate y pan, pero lo hace tan lento que aun pareciera que lleva puestas las tres mendigas cobijas. Se baña, busca ropa, se viste, alista maleta y sale, sabrá su madre a donde, pero al parecer ha regresado, por atembado, a la casa, porque dejo la candela. Tras de atembado también dormido.

Este tipo al parecer si tiene un rumbo, esta de camino al santuario de un santo, tras de atembado y dormido, hemos de sumar; soporífero. Pero bueno, quería narrar algo decente, no es mi culpa que el protagonista sea menos llamativo que un paquete de Saltinas, pero es lo que hay.

Iba a escribir de la llegada de este man a la iglesia, pero como deseo sacar al menos dos lucas de este texto, lo omitiré por el bien de los lectores, créanme. Ortega pasa de lado a lado mirando estatuas, muros, santos e incluso se acostó en los reclinatorios a admirar el techo. Después de su épica y emocionante mañana decide regresar a su casa, acaricia a un gato que asemeja a nuestro protagonista, no por sentido literario, sino literal, tanto el gato como Ortega están igual de hechos mierda. Tras saludar al gato, no sé qué paso y se supone que soy quien narra, pero este tipo, de la nada, se transportó al instante a una casa, aunque prefiero esta casa al jodido santuario.

Ortega se encuentra tranquilo, no le afecto mucho el fenómeno que acaba de vivir, sale por un balcón mediocre que tiene la casa y se dispone a apreciar el hermoso paisaje, una ciudad que tiene toda la impresión de ser más paila que Bogotá. Mientras disfruta de estas magnificas, gloriosas, maravillosas vistas, aparece en verdad un ser que podríamos llamar; belleza hecha carne. Una mujer y un gato se encuentran también disfrutando de las vistas mañaneras, no sabemos que hablan, pero el gato aparenta estar más cautivado por la mujer que Ortega. La mujer avienta al gato hasta el tejado de los vecinos y por fin Ortega hace auto de presencia con sus palabras —esa mujer lo que carga de hermosa solo se compara con lo hecha mierda que esta— grandes palabras del que también lo está.

Después de unas semanas como observador, Ortega se encuentra muy cómodo en su nuevo hogar, el cual no entiende muy bien que le paso al dueño, porque de forma patética, Ortega, tuvo que esconderse cuando llego en la noche, aparentaba llegar del trabajo, pero se cambió sus pintas de oficina por las de coito, salió a la casa de Altagracia, será la pareja, ojalá se hayan fugado por amor o alguna de esas cosas raras que hacen los enamorados, aunque no nos importa, lo importante es que hay donde dormir en esta ciudad tan pailita.

 Quiero volver a lo observador de nuestro sujeto, porque solo mira a la mujer y sus vivencias; 1) no duerme, este Gato al menos duerme dos horas, pero esa rayada no duerme nunca, farra, tras cigarros, tras copitas y babas, pero nunca descansa, mucho level. 2) Tiene pareja, se llama Sven, Ortega dice que se aman, pero no sé cómo puede llamar amor el insultarse, terminar, drogarse y acostarse, todos los días y 3) que es una mujer vuelta mierda y triste, siempre repite lo mismo cuando la admira —jamás llegue a imaginar tenerla de frente y al tostado de Sven, ni en mi mente podía encajar sus predicados con una persona real y ni teniéndola tan cerca puedo predicar de ella, quizás esto es lo que sentía Sven cuando la vio en ese hueco de apostadores, una mujer vuelta mierda y triste— sigo sin entender de que habla, soy narrador, no lector de mentes.

Tras llevar un buen tiempo en este hueco que decidió llamar hogar mi protagonista, solo lo he visto ansioso, fuma y fuma, y fuma, y fuma, y fuma, todos esos cigarros mientras se pregunta cosas raras —¿debería ayudarles? ¿Dónde estará Marciana?, ¿cuánto tiempo me queda antes de que todo y todos nos quedemos a espaldas de Amarilla?— está cayendo en locura, aunque creo que él sabe dónde está, lo mejor ha sido que presenta una felicidad irrefutable, disfruta de salir a un bar de mala muerte, pasea por los parques alimentando palomas, pero lo más extraño es como sigue a un gato al cual llama —Pink— quizás lo ayude a salir de aquí, un gato lo trajo y otro lo pueda devolver.

Ortega ha decidido tumbarse en la cama, tras decir —mejor solo les admiro y vivo junto a ellos en este mundo que tan hechos mierda los dejo, qué buena descripción, todos lo estamos, todos tenemos la vida un poco hecha mierda— no ha vuelto a moverse, no creo que lo haga, no creo que esta historia siga, no creo que haya escogido un buen protagonista.


martes, 22 de noviembre de 2022

Episodio Cuervo

 



Episodio Cuervo

 

En cierta ocasión el estudiante Cuervo, paseaba pesaroso por su universidad, con un cigarrillo en la boca y sin mucho más que hacer, andaba pensando en cosas, cosas… algo muy propio gente de su carrera, seguía en dicho recorrido por la nada, viendo como el humo aunque disperso y poco compacto tenía más dirección que la ruta que hacía… después de caminar por al menos una hora más, lo único que recuerda después de eso es que abre algo con sus manos y vualá, aparece en un lugar completamente distinto, su primera reacción es buscar algo con que encender ese cigarrillo que quedo a medio camino igual que su paseo, pero instintivamente lo tira, no se sabe muy bien si a causa de lo asombroso del evento o porque notó que en ese paraje abandonado poco había que pudiera encenderlo.

A su alrededor encontró solo maleza pero después de haber visto programas de supervivencia en la televisión, sabía que si veía un rio su única misión era seguirlo, hasta que en un ataque de suerte vio la luz reflejada de dicho rio que tanto buscaba, al adentrarse en la densa maleza encontró una cabaña, con una barca al lado de ella y pensó, -si no soy de aquí, y me encuentro perdido no habrá problema si la tomo prestada para cruzar- pero al intentarlo se encontró con un barquero, de apariencia muy sabia que al ver al extraño individuo con ropas sucias aunque muy distintas a las suyas, y al escuchar sus preguntas solo respondía que el rio tenia lo que el buscaba… Cuervo, al ver la tan repetitiva e “ilustrativa” respuesta se resignó y no hablo más, el barquero muy emocionado de encontrar a alguien nuevo en tan desolado lugar le contó cuentos de un sujeto que tenía un nombre extraño parecido a Siddh… Siddhar… algo así como Siddharta, en ese momento Cuervo supo que estaba en algún paraje de la india.

 De ese barquero aprendió la paciencia de disfrutar el momento, y que aunque el viaje no sea lo que planeábamos no tenía por qué ser desastroso, solos o acompañados tenemos que disfrutar y buscar de lo que queremos, y no creer que el otro no tiene ese mismo derecho, hablando de derechos de buscar lo que se quiere el pobre Cuervo para ese momento y haciendo provecho de su bella vivencia solo quería un cigarrillo pero el que tiró no tenía posibilidad de buscarlo de ningún modo, al pensar en cómo encontrar uno en medio de la selva y mientras el barquero tomó silencio, casi en un acto milagroso el agradable sujeto extendió hacia sus ojos algo muy parecido a lo que estaba buscando solo que con letras difíciles de reconocer que trataré de emular बीड़ी al encender dicho objeto con la propia fogata quiso estar a solas al lado del rio que le hizo conocer a su buen anfitrión, pero al darse la vuelta no vio más la casa del buen anciano, sino una especie de castillo o casa enorme.

Había sido transportado a un lugar que de no ser por la falta de calor parecería el mismo.

Al percatarse del hecho vio que su बीड़ी volvió a apagarse… aunque en esta ocasión vio una sombra a lo lejos, ya que, siempre llegaba de noche al nuevo sitio… pero con la buena noticia de ver a esta sombra con una antorcha muy apetecible para su बीड़ी, siguió el fuego hasta encontrarse con un joven de apariencia muy bella, que buscaba con rostro enamorado a alguien, al sentir su ansiedad y ver que por las huellas y camino que siguió acababa de escapar del lugar enorme que antes vio solo le señaló su antorcha prendió el tan esperado बीड़ी, y siguió su camino, pero al estar ahora en un ambiente más pantanoso, húmedo y frio, Cuervo tuvo la necesidad de conseguir un lugar cálido a verse entrando en hipotermia, así que aprovechando la ventana abierta que dejó el ansioso muchacho entró, solo para encontrarse con una especie de colegio religioso que tenía un letrero que decía “Mariabronn”, al dar unas vueltas por el lugar vio una puerta abierta con una cama dispuesta para ser usada, después de un rato solo pudo dormir en ella.

 Al acercarse el alba, fue despertado por el ansioso joven que se encontró la noche anterior, ahí entendió que la puerta abierta había sido encontrada de ese modo porque un nervioso joven la había dejado abierta a causa de la emoción que lo embargaba, y esta vez adelantándose y no queriendo quedar en el mismo lío de nombrar como al hombre indio “el barquero” quiso preguntar el nombre del joven, teniendo como respuesta un dulce “Goldmund”, el joven se sintió en confianza que comentar todas sus intimidades a tan extraño individuo que prendió un algo en la noche y ahora lo encontraba en su cama, le contó las historias que había vivido con un tal “Narziss” y vio en el la antítesis de este joven, sin saber mucho más de su vida ni de lo que acontecería, le quiso desear toda la suerte al joven en las travesías que se veía que tendría, viendo en esta antítesis que no podía seguir despreciando la sentimentalidad solo porque la razón es más segura, ese joven lleno de vida llenó su vida con ganas de vivir, Cuervo ya no era el mismo y sentía un adiós al ver que el joven tenía una caja que decía “Zigaretten” sobre su escritorio el joven muy amablemente le ofreció uno y Cuervo lo prendió con una antorcha casi apagada, que estaba en una de las paredes, Cuervo ya sabía lo que sucedería, y sucedió… al dar la primera calada al “Zigarette” que le ofreció el bello joven se encontró en un paraje lejano, donde las nubes parecían hacer una obra de teatro, donde solo pudo ver montañas siendo comidas por otras montañas, se encontró frente a un mismo muro con una antorcha muy parecida pero de un paraje inhóspito y salvaje, a darse vuelta vio un hombre mayor con cara estupefacta, pensó –será normal al ver aparecer a un hombre con ropas raras en mitad de su sala- pero para su sorpresa su cara era más de impaciencia y tristeza al saber que su hijo que después llamaría a la nada como “Peter” nunca volvería, viendo referenciado en aquel hombre de apellido Camenzind con su padre, de donde sacó su apellido “Cuervo” vio en él lo mismo que desde ese momento sabría que su padre, podía sentir… que se encontraba lejos y que lo extrañaba de la misma forma que el señor Camenzind extrañaba en su hijo Peter, algo volvió a cambiar en Cuervo, y algo también era distinto, su cigarrillo no se apagó pero estaba a punto de terminarse, al dar esa última calada y quemándose un poco los dedos en el proceso termino estupefacto en el mismo lugar en donde su ultimo recuerdo fue abrir algo con sus manos, que a simple vista parecería que fue un libro pero no, fue una cajetilla de cigarrillos que duro por toda la aventura pero había llegado a su fin, ¿se sintió mareado a causa de fumar tanto o del viaje por mundos distintos?, no lo sabremos, pero lo que sí está claro es que si bien no vivió otras vidas, sí que acompaño a diferentes personajes en historias que lo enriquecieron infinitamente, y todo sin repercusiones de que lamentarse… todo a menos que un experto en Hermann Hesse encuentre algo raro en un libro del autor, pero eso es tema para otra historia…

miércoles, 17 de noviembre de 2021

El episodio de Londoño

 


Lencen Londoño:

-Kazeb. - El mercado bullicioso. - Aparición del Victoria. - Los waganga. - Los hijos de la Luna. - Paseo del doctor. - Población. - El tembé real. - Las mujeres del sultán. - Una borrachera real. - Joe, adorado. - Cómo se baila en la Luna. - Peripecia. - Dos lunas en el firmamento. - Inestabilidad de las grandezas divin”

 El Victoria, tras haberse acercado poco a poco a tierra, enganchó una de sus anclas en la copa de un árbol, cerca de la plaza del mercado.

En aquel momento toda la población salía de sus madrigueras, asomando la cabeza con circunspección. Varios waganga, a quienes se reconocía por sus insignias de conchas cónicas, se acercaron resueltamente a los viajeros. Eran los magos del lugar. Llevaban colgando de la cintura calabacitas negras untadas con grasa y varios objetos de magia de una suciedad verdaderamente doctoral. Poco a poco, la muchedumbre siguió su ejemplo; salieron de todas partes niños y mujeres, y hubo ruido de tambores, y palmoteos, y millares de manos levantadas hacia el cielo.

—Ésa es su manera de orar dijo el doctor Londoño. Si no me equivoco, estamos llamados a representar un importante papel.

—Pues bien, señor, represéntelo.

—Tal vez tú, mi buen Joe, te conviertas en un dios.

—No lo sentiría, señor; no me disgusta el olor del incienso.

En aquel mismo momento, uno de los magos, un myanga, hizo un ademán, y el clamor se transformó en un profundo silencio. El hombre les dirigió algunas palabras a los viajeros, pero en una lengua desconocida.

El doctor Londoño, que no había entendido absolutamente nada, dijo lo primero que se le ocurrió en árabe, lengua en la que obtuvo inmediata y pronta respuesta.

El orador pronunció, con una verbosidad suma, una arenga muy florida que fue escuchada con religiosa atención; el doctor no tardó en comprender que el Victoria había sido tomado por la Luna en persona, amable dios que se había dignado acercarse a la ciudad con sus tres hijos, honra incomparable que permanecería eternamente grabada en la memoria de aquella tierra tan amada del Sol.

El doctor respondió, con gran dignidad, que la Luna realizaba cada mil años una gira por todas las provincias para que sus adoradores la viesen más de cerca, y les suplicó que le diesen a conocer sus necesidades y deseos sin miedo de abusar de su divina presencia.

El mago dijo entonces que el sultán, el mwani, enfermo desde hacía muchos años, imploraba la ayuda del cielo, y que él invitaba a los hijos de la Luna a que fuesen a visitarle.

El doctor hizo partícipes a sus compañeros de la invitación.

—¿Y serás capaz de ir a visitar a ese rey negro? preguntó el cazador.

¡Sin duda! ¿Qué inconveniente hay? Me parece que los ánimos están dispuestos a nuestro favor; la atmósfera está tranquila, no se mueve ni la hoja de un árbol. Por el Victoria, nada tenemos que temer.

—¿Y qué harás?

-No te preocupes, amigo Dick; con un poco de medicina saldré del paso. Luego, dirigiéndose al público, añadió: La Luna, compadeciéndose del soberano a quien tan acendrado cariño profesan los hijos del Unyamwezy, nos ha confiado su curación. ¡Prepárese, pues, a recibirnos!

Los gritos, los cantos y las demostraciones se multiplicaron y todo aquel hormiguero de cabezas negras se puso de nuevo en movimiento.

—Ahora, amigos, hay que prepararse para cualquier eventualidad. En un momento dado, podemos vernos obligados a partir rápidamente. Así pues, Dick se quedará en la barquilla y, por medio del soplete, mantendrá una fuerza ascensional suficiente. El ancla está sólidamente sujeta; no hay que temer nada. Yo bajaré a tierra. Joe me acompañará, pero se quedará al pie de la escala.

—¡Cómo! exclamó Kennedy. ¿Vas a ir solo a casa de ese salvaje?

—¡Señor! le secundó Joe. Entonces, ¿no quiere que le acompañe hasta la conclusión de la aventura?

—No, iré solo. Estas buenas gentes creen que ha venido a visitarles su gran diosa la Luna, así que la superstición nos protege. Nada temáis, pues, y permaneced cada cual en el puesto que le he asignado.

—Si ése es tu deseo... respondió el cazador.

—Vigila la dilatación del gas.

—Puedes marcharte tranquilo.

Los gritos de los indígenas iban en aumento; reclamaban la intervención del cielo.

—¡Escuche! dijo Joe. Percibo una actitud un tanto imperiosa hacia la bondadosa Luna y sus divinos hijos.

El doctor, provisto de su botiquín de viaje, bajó a tierra precedido de Joe. Éste, grave y digno como exigían las circunstancias, se sentó junto a la escala con las piernas cruzadas a la usanza árabe, y parte de la multitud formó un círculo respetuoso a su alrededor.

Entretanto, el doctor Londoño, conducido al son de numerosos instrumentos y escoltado por un grupo que ejecutaba danzas religiosas, marchó lentamente hacia el tembé real, situado en las afueras de la ciudad. Eran las tres, y el sol, haciéndose sin duda cargo de la solemnidad del acto, resplandecía.

El doctor Londoño fue recibido con grandes honores por los guardias y los favoritos, pertenecientes a la hermosa raza de los wanyamwezi, tipo puro de las poblaciones de África central. El doctor penetró en el palacio, donde a pesar de la enfermedad del sultán, el estrépito, que era ya terrible, aumentó. En el dintel de la puerta vio rabos de liebre y crines de cebra colgados a modo de talismán. Fue recibido por el tropel de esposas de Su Majestad al armonioso son del upatu, especie de címbalo hecho con el fondo de una cacerola de cobre, y el estruendo del kilindo, un tambor de cinco pies de altura construido con el tronco ahuecado de un árbol, que dos virtuosos tocaban a puñetazos.

El doctor Londoño, tras haber abarcado todo el conjunto de una soja ojeada, se acercó a la cama de madera del soberano. Allí vio a un hombre de unos cuarenta años, completamente embrutecido por orgías de toda clase y por el cual no se podía hacer nada. Su enfermedad, que se prolongaba desde hacía años, no era más que una borrachera crónica y continua. El real borracho casi había perdido el conocimiento, y ni todo el amoníaco del mundo le habría hecho volver en sí.

Durante la solemne visita, los favoritos y las mujeres se inclinaban flexionando las rodillas. El doctor, por medio de algunas gotas de un poderoso estimulante, consiguió reanimar instantáneamente aquel cuerpo embrutecido. El sultán hizo un movimiento, y ese síntoma, en un hombre casi cadáver que no daba signos de vida desde hacía horas, fue acogido con gritos en honor del médico. Éste, cansado ya de tanta farsa, se abrió paso entre sus demasiados entusiastas adoradores y salió del palacio para dirigirse al Victoria. Eran las seis de la tarde.

Durante su ausencia, Joe aguardaba tranquilamente al pie de la escala, siendo objeto de la mayor veneración. Como verdadero hijo de la Luna, él se dejaba adorar. Para ser una divinidad, su actitud era la de un buen hombre, nada soberbio e incluso de trato familiar con las jóvenes africanas, que no se cansaban de contemplarlo. Él les dirigía las más amables frases.

—Adorad, señoritas, adorad —les decía—. ¡Aunque hijo de diosa, no soy más que un pobre diablo!

Y todos aquellos africanos, imitadores como monos, quisieron reproducir sus maneras, sus cabriolas, sus movimientos; no se perdían un gesto, no olvidaban una postura, y aquello se convirtió en un delirio, una tremolina, una tempestad de carne y huesos de la que resulta imposible dar la más pequeña idea. En lo mejor de la fiesta, Joe vio acercarse al doctor.

Éste regresaba precipitadamente, en medio de una chusma aulladora y desordenada. Los magos y los jefes parecían muy enojados. Rodeaban al doctor, lo empujaban y le amenazaban. ¡Extraño giro! ¿Qué había sucedido? ¿Había sucumbido torpemente el sultán entre las manos de su médico celestial?

Kennedy, desde la barquilla, vio el peligro sin comprender la causa. El globo, imperiosamente solicitado por la dilatación del gas, tensaba la cuerda que lo sujetaba, impaciente por elevarse. El doctor llegó al pie de la escala. Un temor supersticioso contenía aún a la multitud y le impedía actuar con violencia contra su persona. El doctor subió rápidamente los escalones y Joe le siguió con agilidad.

—No hay que perder un instante le dijo su señor. ¡No intentes desenganchar el ancla!  

—¡Cortaremos la cuerda! ¡Sígueme!

—Pero ¿Qué pasa? preguntó Joe, entrando en la barquilla.

—¿Qué ha sucedido? dijo Kennedy, con la carabina en la mano.

—Mirad -respondió el doctor, señalando el horizonte.

 —¿Y bien? preguntó el cazador.

—¿Y bien? ¡La Luna!

La Luna, en efecto, roja y espléndida, destacaba como un globo de fuego sobre un fondo azul. ¡Era ella! ¡Ella y el Victoria! ¡O había dos lunas, o los extranjeros eran unos impostores, unos intrigantes, unos falsos dioses!

Tales habían sido las reflexiones naturales de la muchedumbre. De ahí el giro que habían dado los acontecimientos.

Joe soltó una carcajada. La población de Kazeh, comprendiendo que se les escapaba la presa, lanzó prolongados aullidos; arcos y mosquetes apuntaron hacia el globo.

Pero uno de los magos hizo un signo y todos bajaron las armas; el mago se encaramó al árbol con intención de coger la cuerda del ancla y obligar a la máquina a bajar.

Joe cogió un hacha.

¿Corto? dijo.

—Aguarda respondió el doctor.

—Pero, ese negro...

—Tal vez podamos salvar el ancla, y me conviene no perderla. Para cortar siempre habrá tiempo.

El mago, ya en el árbol, rompió las ramas con sus maniobras y desenganchó el ancla; ésta, violentamente arrastrada por el aeróstato, agarró entre las piernas al pobre mago, el cual, montado en aquel hipogrifo inesperado, partió hacia las regiones del aire.

Inmenso fue el asombro de la multitud al ver lanzarse al espacio a uno de sus waganga.

—¡Hurra! exclamó Joe, en tanto que el Victoria, gracias a su poder ascensional, subía con gran rapidez.

—Se agarra bien dijo Kennedy; un paseíto no le vendrá mal.

—¿Lo soltaremos de golpe?  preguntó Joe.

—¡No! replicó el doctor. Le dejaremos en tierra tranquilamente, y creo que después de esta aventura su poder de mago crecerá singularmente en el ánimo de sus contemporáneos.

—Capaces son de convertirlo en dios -exclamó Joe.

El Victoria había alcanzado una altura de aproximadamente mil pies.

El negro se agarraba a la cuerda con una energía increíble. Permanecía en silencio y con la mirada fija. Había en su terror algo de asombro. Un ligero viento del oeste empujaba el globo más allá de la ciudad.

Media hora después, el doctor, viendo el país desierto, moderó la llama del soplete y se acercó a tierra. Al llegar a veinte pies de ella, el negro tomó rápidamente la iniciativa: soltó la cuerda, cayó de pie y echó a correr hacia Kazeh mientras el Victoria, súbitamente libre de aquel lastre, subía otra vez a gran altura.

 

 


Episodio Vargas

 


Por German Vargas

Me gustaría situarme en un cuento de Julio Cortázar El Perseguidor en el cual se nos presenta Johnny Carter un artista de saxo alto y que ha sido considerado un genio y estrella del jazz de los años 50. Junto a él se encuentra otro personaje llamado Bruno, un crítico de jazz que tiene como propósito hacer la biografía de Johnny.  

Todo empieza en un cuarto sórdido de hotel en París, Johnny se encuentra enfermo, pero su dolencia no es corporal sino es una dolencia espiritual y mental. Este padecimiento le hace tener una apreciación extraña del tiempo, es un hombre que no comprende cómo funciona el tiempo.  Su obsesión por el tiempo y su desilusión por la vida es lo que le lleva a enfermar y, por eso, el personaje que nos encontramos presentado bajo la perspectiva de Bruno (el crítico de jazz) es un personaje que roza casi la locura. Además, a esto se le debe sumar su hábito del alcohol y de las drogas, algo a lo que acude cada vez más para soportar su dolor pero que, cada vez, le hunde más en el abismo.

Bruno acude a la habitación para interesarse por el estado de su amigo, pero, también, para documentarse para poder escribir una biografía sobre Johnny que tiene entre manos. Su interés, por tanto, no radica únicamente en que su amigo mejore sino, también, en conocer cómo es realmente este artista tan sublime que se obsesiona con temas tan "simples" como el mero paso del tiempo. Al final Bruno alcanza a comprender los pensamientos de Johnny, pero no se deja llevar por ellos por temor a caer en ese mismo estado que afecta a el jazzista.

El cuento gira en torno a los momentos finales que atraviesa un artista en la que los personajes no dejan de perseguir cosas, Johnny persigue una comprensión del tiempo, la música y su capacidad de abstraernos del momento, de trasportarnos a lugares sin tiempo. Bruno por su parte y todos aquellos que se relacionan con el Jazzman solo persiguen su talento, su capacidad de crear música.

La oposición de los personajes nos trasporta a no solo una manera particular de ver la vida. Bruno representa lo racional, el estudioso, el observador y Johnny representa el ser humano que se deja llevar por su parte emocional, por sus deseos, por sus caprichos. En ultimas, son dos caras de la misma moneda, el ser humano.  

Me gustaría ser Bruno y tratar de comprender la complejidad de la existencia de Carter con el tiempo y de su música, no remitirme exclusivamente a mi interés por él, por mi trabajo como crítico, sino tratar de entablar una conversación sin prejuicios morales e intereses, me gustaría preguntarle cuál es su apreciación del tiempo y la música, que es lo que lo abstrae y lo hace perderse en la musicalidad. ¿Qué es para él la música? Me gustaría preguntarle ¿si considera que llevo una vida buena o si considera angustiante la existencia misma? Y el cuento podría girar en un encuentro de los personajes, en una comunión, en el que la elección de una forma de vida determinada no vale más que la otra.  Y, precisamente esta, es una de las grandes situaciones en las que el texto nos pone ya que, con los dos personajes, está describiendo las posibilidades del ser humano y lo que llegamos a hacer por el mero hecho de "encajar".

domingo, 14 de noviembre de 2021

 ...

El Episodio Bedoya

 

Virgen de las rocas
Ricardo Bedoya

“No hieden, las imágenes, 
ni cimbran de dolor..."
Eliseo Diego                                                                                                                  



    Una niebla espesa, salida de mis pulmones, empañaba la ventana de mi habitación. El café se había enfriado, el cigarrillo que había encendido para acompañarlo se había apagado y mis ganas de leer sobre filosofía se habían ido junto con el sol de la mañana. Tomé el pedazo de cigarrillo que quedaba, me lo puse en los labios y lo encendí de nuevo. Tal vez era la bruma que ahora parecía perpetuarse cada tarde frente a mi ventana lo que me tenía dubitativo. Miré la foto que tenía sobre mi biblioteca, una foto mía con Miguel, abrazados y sonriendo. Nuestros cuatro años de novios se me pasaron como un flash por la mente, perdiendo un poco la noción del tiempo, ya que no estaba seguro de si había pasado un lustro o tan solo unos cuantos días desde que estábamos juntos. Intentando hallar el sosiego para mi mente, fui a la sala a mirar la biblioteca. Aunque la lista de los libros que no había leído era larga, tomé el mismo que había leído diez o más veces, pues también era el mismo que podía leer siempre en tan solo un día. Me hice otro tinto, lo serví sobre el ya reposado, me senté con la taza y el libro en el sofá y empecé a leer. 

    Luego de casi una hora de lectura me paré para ir al baño. Me estaba lavando las manos cuando alcé la vista hacia el espejo y el susto que tuve me hizo caer hacia atrás, provocando que me golpeara la cabeza contra la puerta. Aturdido me levanté de nuevo y me miré en el espejo. El yo que estaba allí era uno que no veía hace casi cinco años. Tenía otro corte de pelo, no tenía el bigote que ahora me dejaba crecer, y los brackets los tenía como recién puestos; era como si me hubiera rejuvenecido. Estaba consternado. No sabía qué había sucedido. Salí del baño con cautela, para que, sin pensarlo, me sorprendiera una vez más al ver que no solo yo había cambiado: el apartamento en el que vivía ya no era el mismo, había otros muebles, las cortinas ya no eran blancas, las plantas de la repisa habían sido reemplazadas por pequeñas figuras de porcelana y la mesa en la que solía sentarme a fumar ya no existía. Definitivamente era otro lugar. Me desplacé rápidamente por toda la casa, mirando todo: las fotos, las decoraciones, los cuadros, todas las cosas que no eran ni mías ni de Miguel. No tenía mi celular en el bolsillo, lo busqué palpando y sacudiendo cada parte de mi cuerpo sin tener éxito, pero me percaté de que había un teléfono de disco en una mesa. Llamé al celular de Miguel y sonó ocupado. Llamé donde mi mamá, timbró un rato largo y nadie contestó.  Busqué a mis gatos, a mi perra, se habían esfumado, no había rastro de sus juguetes o de sus cosas. Miré por la ventana, para descubrir entonces que donde antes se alzaba una torre de apartamentos ahora había un parqueadero. Asustado y confundido salí casi corriendo de allí. ¿A dónde iría?, ¿quién podría ayudarme? La tienda de la esquina ahora solo era una casa. Me senté al frente, en el andén, y empecé a llorar. 
    Estuve en el andén un rato con la cabeza entre las piernas, sollozando, cuando escuché que alguien venía. Alcé la vista y vi a un muchacho acercándose. Él se quedó mirándome, nunca lo había visto pero yo sabía que le conocía.

    —Quihubo—me dijo sentándose al lado mío— ¿Está bien?
    —No sé, creo que no, no sé qué pasa. ¿Lo conozco?
    —No, pero mucho gusto, me llamo Leonardo. ¿Usted cómo se llama?
    —Ricardo.
    —Quihubo, Ricardo. Cuénteme qué le pasó.
    —Estaba en mi casa… y luego simplemente ya no.
    —¿Lo echaron de su casa?
    —No, o sí, ya no estoy seguro, solo estoy algo perdido.
    —Si quiere vamos al Parque Nacional, tomamos gaseosa y nos sentamos un rato hasta que se sienta mejor. Yo sé lo que es no tener casa, además estoy aburrido y mi amigo no puede salir hoy.

    Sin más que hacer y sintiéndome tan solo, le dije que sí. Entonces nos fuimos caminando hasta el parque. Leonardo me sonreía cada tanto. Era uno de esos muchachos que se valían de sus encantos para engatusar y conquistar. En el camino lo inenarrable seguía sucediendo: muchas veces había caminado hasta el parque, pero un montón de cosas ya no estaban en su lugar, ni lucían como siempre. Luego de llegar y comprar una Coca-Cola, empezó a hacerme preguntas como a qué me dedicaba, que cuál música me gustaba y otras cosas que me hicieron olvidar por un momento lo que había pasado. 

    — ¿Y tiene amigo? — me preguntó.
    —¿Novio?
    —Sí, eso. Es que novio suena chistoso, ¿no le parece?
    —Me da igual, creo… Sí, vivo con él, ¿y usted?
    —¿Yo qué?
    —Que si tiene novio.
    —Ah, si.
    —Qué bueno.
    —…
    —…
    —¡Qué triste!
    —¿El qué?
    —Que tenga amigo.
    —¿Por qué triste? Usted también tiene.
    —Porque tengo unas ganas absurdas de besarlo y es triste no poder hacerlo. 
    —Ah…—respondí acomodándome en la banca. —Sí, no sería buena idea.
    —Sí… Es que me siento mal ¿sabe?, mi amigo está enojado conmigo.
    —¿Por qué?
    —Porque me echaron de mi casa y ahora vivo con otro amigo.
    —¿Cómo se llama su amigo?
    —Felipe.
    Al principio nada había tenido sentido, pero ahora empezaba a atar cavos. Empecé a reírme. 
    —¿Es un chiste, cierto?, ¿cómo es su apellido?
    —Garay, ¿por qué? —me preguntó muy serio.
    —Claro, claro. Leonardo, Felipe, Un beso de Dick. Leonardo que vive con otro hombre al final del libro… ¿Es todo esto una broma?, ¿quién está haciendo todo esto?
    —¿De qué está hablando? ¿Lo emborrachó el refresco? 
    Molesto por toda la situación, sin entender nada, me levanté diciéndole que me tenía que ir. Él se puso de pie y cuando le estaba dando la espalda me haló de la chaqueta.
    —Venga, no se ponga bravo.
    —¡Déjeme sano! —Le grité volviéndome hacia él y halé también mi chaqueta.
    —Es que no me gusta ver muchachos tristes— me dijo y me plantó un beso en los labios. Lo alejé de un empujón y me fui otra vez llorando. 

***

    Iba bajando por la calle treinta y nueve, cuando subía otro muchacho que al igual que Leonardo, se quedó mirándome, dándome también la sensación de que le conocía.
    —Déjeme adivinar — le dije en cuanto me pasó por el lado— ¿Usted es Felipe?
    —Sí, ¿cómo sabe mi nombre?
   —Porque acabo de besar a su amigo. Y estoy harto de todo esto, de verdad qué sensación tan horrible.
    En ese momento venía Leonardo corriendo tras de mí.
    —¿Qué hace acá? — le preguntó Leonardo a Felipe.
    —Me escapé para venir a verlo. Mi papá salió a comprar repuestos y mi mamá tenía turno en el hospital. Pero ahora me entero de que tiene un nuevo amigo.
    —No es un amigo, lo acabo de conocer. Pensé que estaría disgustado conmigo como para venir.
    —No estaba disgustado… O sí… No sé, solo sé que ahora sí lo estoy. 
    —Yo estoy harto la verdad, — les dije apartándome — no tengo casa, no sé que me pasó ni por qué estoy aquí, ustedes no existen, parece que hubiera vuelto en el tiempo o me hubiera metido en su libro y me siento cada vez peor.
    —Felipe, yo sé que usted no está contento conmigo, pero deberíamos ayudarlo—dijo Leonardo.
    —¿Qué le pasó? Está hablando muy raro.
    —Creo que está como desorientado. Vamos a la casa de mi amigo cerca a la avenida Chile y miramos a quién podemos llamar.
    —¡QUÉ USTEDES NO EXISTEN! —les grité. En ese momento se cayó el libro de mis piernas y me despertó. Me había quedado dormido en el sofá. Mirando a mi alrededor pude comprobar que todo estaba como antes en la casa, corrí al baño y yo tampoco tenía algún cambio. Me sentí mejor, incluso un poco agradecido de que, aunque el día siguiera gris, yo estaba en mi casa.